Nayra madre de Noa, bebé prematuro.

Nayra madre de Noa, bebé prematuro.

Después de una semana de reposo absoluto en el hospital, con la bolsa rota y esperando que aguantara hasta las 40 semanas, mi segunda hija, Noa, eligió nacer un 30 de marzo lluvioso, con 33 semanas y unos días.

Yo no pude evitar tener miedo. Había planeado un parto en la Clínica Acuario, donde nació su hermana mayor, arropada por mi hija y mi pareja. Pero Noa vino a enseñarme lo que era tener un bebé prematuro y sacar adelante una lactancia así.

Soy monitora de La Liga de la Leche, por lo que sabía lo que podía implicar que naciera con esta edad gestacional.

El parto fue muy rápido y respetado. En 20 minutos estaba encima de mí. Todo el miedo que sentía se desvaneció cuando la vi sana y cabeceando buscando mi pecho. La neonatóloga, de pie, a mi lado, no le quitaba ojo y, pasados 5 minutos, me susurró que se la tenía que llevar para asegurarse de que todo estaba bien. Le dijo al celador que la incubadora para trasladarla no hacía falta y, con mucho amor y respeto, pidiéndome permiso, se la llevó en brazos arropada con una mantita.

Después de casi tres horas pude entrar a verla en neonatos. Nada más entrar, una enfermera compañera del comité de lactancia del hospital me dijo: “le he metido el dedo y tiene una succión muy eficaz”, eso me tranquilizó mucho, porque cabía la posibilidad de que el reflejo de succión no estuviera desarrollado y eso me preocupaba.

Me costó casi dos horas conseguir que se enganchara eficazmente. No le habían dado ningún biberón, pero estaba muy adormilada. De pronto, abrió su pequeña boquita y empezó a mamar. ¡Tenía tanta fuerza! Yo me relajé y disfruté de nuestra pequeña gran victoria.

Nayra madre de Noa, dando el pecho

Nayra madre de Noa, dando el pecho

A partir de ese momento estuve a su lado 24 horas al día. Pasaba más tiempo encima de mí que en la incubadora y pronto nos acoplamos la una a la otra.

El segundo día le bajó bastante el azúcar, por lo que tuvimos que suplementar con leche artificial en un par de ocasiones. Lo hicimos con jeringuilla, así tuve la oportunidad de poner en práctica la teoría que tantas veces le había explicado a otras mamás. Después de esto todo siguió rodado y Noa no tuvo ningún otro problema. Poco a poco iba subiendo de peso, al calor de su madre y su tetita, que son las mejores medicinas para cualquier prematuro.

Yo me estimulaba con el sacaleches para aumentar la producción y poder dejarle algo de leche las poquitas veces que fui a casa.
Pasamos casi un mes allí, viendo desde la ventana como cambiaba el tiempo de lluvioso y frío a primaveral, soleado y cálido. Era como si el clima se hubiera acompasado a mis emociones.

Cuando nos dieron el alta, la coordinadora de planta me preguntó cómo habíamos estado y si podía hacerle sugerencias para mejorar la estancia de bebés y madres/padres en neonatos. Sugerí habilitar una estancia acogedora donde poder hablar con los familiares y amigos, llorar, tomarse un té, desconectar… ya que, en ese momento, se hacía en la sala de lactancia y había que salirse si otra madre necesitaba sacarse leche. También propuse que las madres que se quedaban pudiera disponer de un aseo donde cambiarse, ducharse… yo había tenido que ir a casa a hacerlo cada pocos días y era una angustia dejar allí sola a mi bebé. Le conté que estaría genial poder contar con una taquilla para dejar la ropa y pertenencias mientras estabas allí. Y le di algunas pocas ideas más que podían hacer que los días y las noches fueran más llevaderos.

Sé de buena tinta que algunas de estas cosas se han llevado a cabo y otras están en camino. Y agradezco profundamente la humanidad del equipo y su interés genuino por mejorar ese capítulo de nuestras vidas y de las madres y bebés que en un futuro pasarán por allí.

Por eso es tan importante poner quejas y sugerencias cuando algo es mejorable, y agradecimientos cuando nos hemos sentido apoyadas, arropadas y tenidas en cuenta.
Noa tiene ya 3 años y es una niña feliz, graaaande (lleva la talla 4-5, jejeje) y sigue lactando. Nuestro camino fue bastante fácil, pero sé que podía haber sido muy diferente de no haber nacido en un hospital con protocolos actualizados y, lo que es más importante, con profesionales implicados.

Gracias a todo el que tuvo algo que ver en que un acontecimiento que podía haber sido traumático para mí y para mi hija, se convirtiera en una oportunidad de aprendizaje y disfrute.

Nayra

Nayra
Madre de Noa, bebé prematuro

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prematuro

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