Protégeme de la luz

Dentro del útero el bebé ve un resplandor anaranjado a través de la pared abdominal materna, este será más o menos intenso y llega hasta la oscuridad total según la hora del día.

Hasta la edad de término no es necesaria la luz para el desarrollo visual.
El sentido de la vista es el último en desarrollarse y lo hace alrededor de las 30-32 semanas de gestación, aunque continúa su desarrollo hasta los tres años de edad.

Cuando un bebé nace antes de tiempo no tiene los recursos necesarios para protegerse de la luz como un bebé a término: los párpados se encuentran fusionados hasta la semana 24-25 de gestación y son tan finos que dejan penetrar la luz aunque estén cerrados, hasta la 32–34 semana de gestación son incapaces de cerrar los ojos y girar la cara y sus pupilas no se contraen para poder regular la entrada de luz en la retina.

Por eso los niveles recomendados de iluminación en las unidades neonatales donde haya grandes prematuros debería oscilar entre 1 y 60 luxes y menos de 20 luxes si hay menores de 30 semanas.

Las luces continuas de 400-900 luxes provocan en un bebé prematuro: estrés, inestabilidad, alteración del sueño, apnea y bradicardia, tiene efectos negativos sobre su crecimiento y desarrollo y limita la interacción social, cuando la luz baja, el bebé abre los ojos y aumenta su nivel de alerta.

Es difícil imaginarse trabajando en una unidad con tan poca luz pues los profesionales necesitamos luz más intensa para trabajar, por ejemplo para preparar medicación necesitamos 500 luxes y para la canalización de una vía 1000 luxes.

Los profesionales debemos proteger al bebé prematuro frente a nuestras necesidades pero al mismo tiempo no podemos renunciar a trabajar con seguridad, por eso debemos  tener focos sobre las mesas o lugares de trabajo, debemos proteger los ojos del prematuro durante los procedimientos médicos o de enfermería, realizar la salida a canguro en zonas de penumbra y si no es posible proteger al bebé de la luz. Cubrir las incubadoras, mejor si lo hacemos con mantas traídas por sus propios padres, utilizar luces atenuadas y luces de noche y si es posible tener un control individualizado de la luz.

Cuando la luz baja, baja también el ruido, todos hablamos un poco más bajito de manera que con esta sola medida conseguimos dos objetivos: disminuir la luz y el ruido en nuestras unidades para que nuestros pequeños pacientes crezcan y se desarrollen recibiendo los estímulos sensoriales más adecuados posibles para su edad gestacional.

Control individualizado de la luz

Control individualizado de la luz

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